lunes, 7 de julio de 2014

Palacio Municipal


Sede de las autoridades de la ciudad. En el lugar donde hoy se levanta este edificio, antiguamente estuvieron las viejas Casas Reales.

Estas se empezaron a construir en 1603, por orden del Noveno Virrey Gaspar de Zuñiga y Acevedo, Conde de Monterrey y Virrey de Perú, de fecha 14 de Mayo del mismo año, en cumplimiento de las ordenanzas de Felipe II, en las cuales se disponía tanto las Reales Casas como el Cabildo y Aduana. "Se hagan junto al templo, de manera que en tiempo de necesidad se puedan favorecer unas a las otras".
Las viejas Casas Reales eran un edificio de un solo piso, de adobe, con un portal de cinco arcos frente a la plaza; la cárcel se encontraba al fondo. 

En 1767, cuando Carlos III expulsó de sus dominios a los jesuitas, la plebe de la ciudad y los vecinos de otros pueblos cercanos, se amotinaron varias veces, y en una de ellas invadieron las Casas Reales y destruyeron lo que pudieron, inclusive el edificio.

El visitador Don José de Gálvez (Inquisidor), luego que llegó para castigar a los tumultuarios, ordenó la construcción de un nuevo edificio, en el lado poniente de la Plaza (Hoy Palacio de Gobierno). Puesto en servicio éste, el maltrecho edificio de las viejas Casas Reales sirvió de cuartel y en 1855 el Ayuntamiento lo vendió a Don Antonio Rodríguez, con la condición de que la finca que construyera allí se debía ajustar al diseño aprobado.



 El Sr. Rodríguez levantó el actual edificio, más como no alcanzó a pagar la deuda, el Ayuntamiento lo recogió y ocupó parte de él por unas décadas, la otra parte la rentó, para comercios. De ahí que se llamara El Parían o La Lonja.
En 1892, el Excmo. Sr. Obispo, Montes de Oca lo compró para residencia episcopal, concluyó lo que faltaba, lo embelleció notablemente y lo convirtió en un verdadero palacio. En una de las entradas de las fuerzas revolucionarias, el palacio fue saqueado y confiscado, perdiéndose le mayor parte de aquellos tesoros, principalmente la riquísima biblioteca del prelado. El General Gavíra cedió al Ayuntamiento en septiembre de 1915.


El Palacio Municipal es un sólido edificio de cantera, de dos pisos y un entresuelo. Por fuera ostenta una maciza y alta arquería de dieciséis arcos, formando ángulos: siete al frente y nueve por el lado de la calle de Los Bravo. Por obra del entresuelo -que pasa desapercibido- resultaron altos y ágiles los arcos. Desde la puerta y largo del zaguán se ve el austero y reducido patio, con la escalera monumental al fondo. Esta se bifurca en el primer tramo. Son curiosos los mosaicos al pie de cada rampa, en los descansos, copias exactas de mosaicos pompeyanos: una paloma y un perro atado con una cadena. En el descanso de la escalera destaca el hermoso vitral con el Escudo de Armas de la ciudad.
El Salón de Cabildos, es digno de verse, ocupa la mayor parte del lado que ve a la Plaza. El plafón está decorado con pinturas de temas cristianos y mitológicos, por el italiano Erulo Eroli.



El primer lienzo, de izquierda a derecha, representa a Josué, jefe de los israelitas después de Moisés y conquistador de la tierra de Canean, deteniendo el sol para poder completar la victoria sobre Adonisedec, rey de Jerusalén; el segundo, el Olimpo o sede de dioses paganos, con Júpiter en su trono; el tercero, la Resurrección; el cuarto, el Infierno, en la parte superior, Eneas, a la izquierda, llevado por la Sibila, al centro la hija del rey de Tiro que se suicidó por amor de Eneas; en la parte inferior, e la izquierda, el Can Cerbero, guardián del infierno; a la derecha, Caronte, el barquero de los Infiernos, sobré su barca, en la cual pasaba a las almas de los muertos parle laguna de Estigia; en el centro se ven las almas de aquellos que por no haber recibido los honores de !a sepultura, están condenados a vagar cien años a orillas del Estix, antes de penetrar a los infiernos -según la mitología-, los cuales son rechazados por Carente para que cumplan su condena; finalmente, la aparición de Santiago Apóstol, matando a los musulmanes de Abderraman, cerca de Calahorra. En este salón tenía el Excmo. Sr. Obispo Montes de Oca su riquísima biblioteca, En la esquina, se encuentra el despacho del Presidente Municipal. Allí estuvo la sala de música y aún conserva la decoración original basándose en motivos musicales. Goza de la particularidad acústica de que, hablando en un ángulo, se oye perfectamente en el opuesto.





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